Luego de una década de crecimiento sostenido, toda la economía cambió para los Estadounidenses (y el resto del mundo) a partir del martes 29 de Octubre de 1929, cuando la estrepitosa caída de la bolsa de valores de Wall Street inició lo que hoy conocemos como “la gran depresión”. Más allá de las altas tasas de desempleo y deterioro del comercio internacional, ésta tuvo como resultado indirecto la llegada al poder del partido Nacional Socialista (y por ende de Adolf Hitler) al poder en Alemania, entre otras cosas. 

En el caso de EE.UU, la depresión tuvo un alto impacto en el quehacer artístico/musical de principios de los años 30’. Si hasta entonces las salas de baile y bares clandestinos no daban abasto, ahora luchaban por seguir existiendo en una era donde la gente muchas veces no tenía dinero para comer, menos aún para divertirse, lo que obviamente mermó la actividad musical “en vivo”, así como también la venta de discos. Sin embargo, la radio se mantuvo como el bastión más importante en la difusión musical de principios de la década, transmitiendo tanto música grabada como programas transmitidos en vivo desde las salas de baile, que permitían a las familias organizar pequeñas fiestas en sus propias casas. No obstante, la idea de poder festejar en sus hogares, sumados al término de la prohibición a la venta y consumo de alcohol en 1933 (¡vigente desde 1920!), significaron un duro golpe para la alicaída “industria” del entretenimiento nocturno, que veía cómo, si bien la economía comenzaba a mejorar, la gente no estaba asistiendo a sus salas de baile y prefería tomar y bailar en casa. Esta situación puso a pensar a los empresarios a cargo de los locales, necesitaban algo nuevo que los sacara de tan precaria situación, algo que pudieran vender, que sonara moderno y atractivo, algo que pudiera ser útil tanto para ellos como para la industria de la música grabada y el nuevo cine sonoro. Para encontrar la respuesta, “la industria” miró a su producto estrella de la década anterior: el jazz, particularmente la idea de jazzistas interpretando grandes melodías del “Gran Cancionero Norteamericano”, ahora en orquestas más grandes y centradas en la ciudad de New York. Es así como, hacia mediados de la década de los 30’, la industria encontró su producto, que no era sino una evolución del jazz de los 20, comandada por hombres tan importantes como el pianista, compositor, arreglista y director afronorteamericano Duke Ellington. Para Ellington, su orquesta seguía haciendo jazz; para los creativos de la industria, esa música pasaría a tener un nombre comercial distinto, que luego de ser difundido con todos los recursos posibles llegaría a la boca de todos: SWING

 

EL ESTILO S

El estilo Swing

El concepto de  swing era ya usado por muchos jazzistas afronorteamericanos para referirse a una sensación rítmica única y particular, venida de New Orleans, que daba su esencia e identidad al jazz. 

Pero, a partir de mediados de la década de 1930, esa palabra comenzó a definir además el “nuevo” estilo de jazz, así como también, tomando algo de su significado original, se transformó en parte de la jerga comercial y coloquial de millones de estadounidenses que cayeron bajo el embrujo de esta música (y de toda la publicidad que la rodeaba).

 El estilo swing se toca en grupos grandes o Big Bands. Si hasta mediados de los 20’, el jazz se tocaba en pequeños grupos o “combos”, a medida que las grandes orquestas de New York comenzaron a incluir más y más jazz en sus programas, éstas evolucionaron a lo que hoy en día conocemos como Big Bands, orquestas que tenían una “sección rítmica” típicamente jazzística (donde al piano y la batería se les sumaba un contrabajo reemplazando a la tradicional tuba y una guitarra reemplazando al banjo), una sección de “cañas” (4 o 5 saxofonistas, quienes además podían doblar en clarinete y flauta) y una sección de bronces (usualmente 4 trompetas y 4 trombones).

El crecimiento de las agrupaciones jazzísticas conllevó un cambio importantísimo en la música, ya que la improvisación colectiva, que hasta entonces era sinónimo de jazz, tuvo que ser dejada de lado (una cosa es tener 3 vientos improvisando colectivamente, ¡otra cosa es con 13!) para dar paso a arreglos escritos específicamente para el formato. La improvisación, entonces, recaería en los “solistas únicos”, quienes cada día sofisticaban sus interpretaciones con solos más interesantes.

Como dijimos antes, la improvisación es lo que define al jazz, por lo tanto, el estilo swing presentaba un desafío trascendental: ¿Cómo equilibrar la improvisación, necesaria para que el jazz existiera, con los arreglos y composiciones escritas, necesarios para el funcionamiento de las Big Bands.Eventualmente, el mal manejo de este equilibrio fue el que terminó llevando al swing a su decadencia artística como veremos en nuestro próximo capítulo. Mas, antes de eso, vinieron años de crecimiento y ventas únicas para la industria musical, que había encontrado en el swing a su nuevo producto estrella.

En términos musicales, más allá del cambio del formato, la música swing trae consigo algunos otros cambios en relación al Jazz Tradicional (el término que ocuparemos para referirnos de aquí en adelante al jazz antes de los 30’). Ya hablamos sobre los arreglos escritos y el fin de la improvisación colectiva, pero a eso le podemos sumar algunos otros cambios, particularmente a nivel de sección rítmica:

  • El contrabajo, instrumento que en los años 20 había entrado en el jazz y que, aunque antes tenía una función bastante básica derivada de lo que hacía la tuba en las bandas militares, evolucionó hacia líneas melódicas mucho más sofisticadas, en lo que se llamó bajo caminante o walking bass. En el walking bass, el contrabajista marca todos los tiempos del compás con notas derivadas de los acordes de la canción, lo que logra que la música avance con un flujo constante. En otras palabras, que camine. Hasta el día de hoy, el walking bass es uno de los elementos más reconocibles e importantes del jazz, y si bien tuvo su origen en los años 30, seguirá siendo utilizado en los estilos siguientes de lo que llamaremos “jazz moderno”.
  • La batería, un instrumento que surgió junto al jazz, sufre las primeras modificaciones en su interpretación durante los años 30. Si bien todavía el ritmo se seguía marcando de manera fuerte y clara en el tambor y el bombo, el baterista ahora comenzaría alejarse un poco de las acentuaciones más típicamente “militares”, lo que acerca el ritmo del swing a algo más “afro” y menos marcial. Además de eso, cerca de mediados de la década, un genio  apodado “Papa” Joe Jones, baterista de la orquesta de Count Basie, revolucionaria el instrumento al comenzar a ocupar 2 platillos pequeños que podían ser abiertos y cerrados mediante un pedal: el hi-hat . Jones fue un verdadero maestro del hi-hat, manipulándolo con las manos y pies para encontrar nuevos sonidos, y también fue el primer baterista importante en utilizarlo como superficie para marcar el tiempo, algo que hasta entonces se hacía mayormente en el tambor. Con esto, Jones consiguió que el sonido se “alivianara” y llenara más espacio, consiguiendo un efecto más legato (ligado).Al ver a Jones, todos los bateristas famosos de la era del swing comenzaron a utilizar este instrumento, que es parte de la configuración obligatoria de todo baterista hasta el dia de hoy. 

LAS GRANDES ORQUESTAS

Aunque las agrupaciones pequeñas no desaparecieron por completo, toda la industria y publicidad ligada al swing se centró en las grandes orquestas o big bands, siendo sus líderes figuras mediáticas que, en general, acaparaban mucha más atención que el resto de los solistas de sus agrupaciones. Dentro de las orquestas más importantes de la era del swing, debemos mencionar las de: 

 

  1. Duke Ellington: Edward Kennedy Ellington nació en el seno de una familia negra de clase media en 1899, siendo educado como pianista desde su infancia. Durante los años 20, Ellington decidió dejar su Washington natal para trasladarse a New York, en busca de los grandes pianistas de jazz de la ciudad, así como también de las grandes orquestas. A partir de la 2da mitad de la década de los 20’, Duke Ellington comenzó a dirigir y escribir arreglos y composiciones para su propia orquesta, logrando sus primeros éxitos hacia el fin de esa década… Cuando llegó el “boom” comercial del swing, alrededor de 1935, la orquesta de Duke Ellington ya contaba con casi una década de existencia, y en los últimos años había logrado definir casi por sí sola el sonido de lo que ahora llamaban swing. Si bien, la industria veía a este estilo como “la nueva música bailable”- una verdadera mina de oro en términos comerciales- la música de Ellington siempre se caracterizó por una sofisticación especial, tanto en sus melodías como en sus orquestaciones, donde Ellington no dudaba en experimentar con disonancias rara vez escuchadas en la música pop, sin dejar de lado un potente sentido del swing. Además de los arreglos, la orquesta de Ellington podía lucir múltiples solistas importantes como Johnny Hodges (saxo alto), Cootie Williams (trompeta), Harry Carney (saxo barítono) ó Jimmy Blanton (contrabajo), por lo que el complejo balance entre música escrita e improvisación no era problema en la orquesta de Duke. Si a eso agregamos el hecho de que Duke Ellington es considerado el compositor más importante de la historia del Jazz, siendo probablemente el músico que más ayudó a elevar el estatus de esta música, no es exagerado decir que, al igual que lo que pasa con Louis Armstrong, sin Duke Ellington, la historia de la música no sería la misma. 

 

  1. Benny Goodman: Hijo de inmigrantes Ruso-Judíos, Benny creció en la pobreza en la ciudad de Chicago, y, gracias a la ayuda de un vecino, encontró en el clarinete un escape a los problemas de la vida cotidiana. Ya de adolescente, a mediados de los años 20, Benny Goodman ganaba más dinero que sus padres tocando clarinete en distintas orquestas de baile, así como también en agrupaciones de jazz. Siendo una figura relativamente desconocida, hacía el año 34, Benny Goodman fue el “elegido” por la industria para encabezar la arremetida comercial del estilo swing (por supuesto que el líder y la orquesta elegida serían blancos). De la noche a la mañana, Goodman y su orquesta se convirtieron en los favoritos del público norteamericano, que disfrutaba de la elegancia y precisión con que los músicos tocaban los arreglos que Goodman encargaba a orquestadores afronorteamericanos, así como también del virtuosismo del clarinete de Benny y como del espectáculo de su baterista Gene Krupa. En la 2da mitad de los años 30, la orquesta de Benny Goodman estaba en la cima del mundo artístico: ganando mucho dinero, apareciendo en películas y realizando conciertos históricos, como el de 1938 en el Carnegie Hall, la primera vez que esta prestigiosa sala de conciertos, hasta entonces destinada al mundo “clásico”, admitía a una banda de jazz. Un punto interesante a resaltar es que temprano, Benny Goodman se dió cuenta que, aunque su orquesta le traía un éxito increíble, se sentía frustrado por tener que tocar los arreglos escritos que dejaban poco espacio para la improvisación, por lo que decidió añadir a sus shows un segmento de grupo pequeño, destinado casi totalmente a ésta. Es así como nació el Benny Goodman Trio, junto al pianista Teddy Wilson y su baterista Gene Krupa, a los que pronto se les unió el vibrafonista Lionel Hampton. Lo interesante de estas agrupaciones es que no solamente ayudaron a mantener la esencia del jazz en la vida de Goodman, sino que también mostraron al público el primer ejemplo famoso de banda integrada racialmente, ya que, tanto Wilson como Hampton, eran músicos afronorteamericanos, ¡algo que sin duda nos ayuda a entender el poder que tenía Benny Goodman en la época! (de haberse tratado de un líder menos conocido, esto no habría pasado, al menos no sin terribles consecuencias).

 

  1. Count Basie: Si en la orquesta de Duke Ellington encontramos mucha sofisticación e intelectualidad y en la de Benny Goodman un sonido preciso y comercial, la orquesta dirigida por William “Count” Basie pasó a la historia por entregar la variante más atrevida y excitante del swing. Luego de formar su orquesta en Kansas City (una de las cunas más importantes del blues), Basie y sus secuaces tomaron New York por asalto en 1937 con su sonido lleno de energía y blues. A diferencia de las orquestas de corte más bien “comercial”, la Count Basie Orchestra no solía tocar versiones orquestadas de clásicos pop, sino que presentaban sencillas composiciones y arreglos propios- en su mayoría derivados del blues- donde podían lucirse sin apuros sus grandes solistas como Lester Young (Saxo Tenor) o Harry “Sweets” Edison (Trompeta), además de la incomparable sección rítmica comandada por Basie al piano, con Walter Page en contrabajo, Freddy Green en guitarra y el incomparable Jo Jones en batería. La banda de Count Basie siempre fue considerada como una alternativa fresca al exceso de comercialidad del swing, manteniendo vivo el espíritu original del “hot jazz”, pero en formato Big Band. 

 

Fuera de las 3 orquestas principales que acabamos de mencionar, existieron otras orquestas importantes que, si bien fueron increíblemente populares en su época, en su mayoría se orientaron hacia el lado más comercial del estilo, donde la improvisación cedía terreno a la música escrita, al ascenso de los cantantes estrella y la presión de la industria musical por entregar un producto que cada vez generara más dinero. A fines de los años 30 y principios de los 40, orquestas lideradas por eximios instrumentistas como Artie Shaw ó Tommy Dorsey, adaptan su sonido a los requerimientos de la industria, mientras que otras, como la orquesta de Glenn Miller, arrasaban en popularidad con una versión del swing que era, por decirlo de alguna forma, cada día menos jazzística. Aunque en la orquesta de Shaw aún podíamos escuchar improvisación y riesgo, la orquesta de Tommy Dorsey y particularmente la de Miller llegaron casi a abandonar de lleno la improvisación en pos de una versión ligera y cada vez más comercial del estilo. 

En nuestro próximo capítulo hablaremos sobre cómo, tras el exceso de comercialidad del swing de comienzos de los años 40, músicos afronorteamericanos jóvenes dieron origen a una nueva forma de hacer jazz, que marcaríaun antes y un después en cómo el género sería percibido por el público: El Bebop.

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